Por: Federico Morla1; Cecilia Cerliani1; Gabriel Esposito1; Guillermo Cerioni1; y Martín Díaz-Zorita2. 1Facultad de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río Cuarto y 2Facultad de Agronomía, Universidad Nacional de La Pampa, CONICET.
Introducción
El maní, como todas las especies vegetales, requiere de aportes de elementos que le permiten crecer y desarrollarse (Bonadeo et al., 2017). En la tabla 1 se resumen algunas de estas necesidades para la producción de frutos. En ausencia de la incorporación oportuna de estos elementos se deteriora tanto el rendimiento alcanzable como la calidad de los granos producidos.
Actualmente, y en condiciones de frecuente deterioro de la fertilidad de los suelos argentinos, el comportamiento y respuestas productivas del maní al manejo de la fertilización no es una excepción. Abundan estudios que validan su respuesta al corregirse limitaciones de elementos estratégicos para la formación del rendimiento y en particular de lograr la calidad comercial de sus productos. Por ejemplo, Morla et al. (2024) demostraron que la aplicación de un fertilizante arrancador en la línea de siembra (11-48-0, con aporte adicional de S, Zn, B, Mn y Fe) incrementó el rendimiento de frutos hasta en 449 kg ha⁻¹, lo que representa un aumento del 8,8% respecto del testigo (Fig. 1A).
Promediando los 15 ambientes evaluados, el rendimiento fue consistentemente superior en el tratamiento con arrancador (5522 kg ha⁻¹) en comparación con el control (5074 kg ha⁻¹). Asimismo, se observaron mejoras en la proporción de maní confitería, que se incrementó de 80,4% en el control a 84,2% en el tratamiento con fertilizante arrancador (+4,7%) (Fig. 1B).

Figura 1A: Rendimineto de maní fertilizado en relación al tratamiento control. medias con una misma letra no difieren significativamente (p>0,05) según LSD-Fisher

Figura 1B: Calidad comercial (Promedio de los 15 ambientes evaliados). medias con una misma letra no difieren significativamente (p>0,05) según LSD-Fisher
En este contexto se reconoce que la implementación de diferentes estrategias para el manejo de la fertilización tiene efectos, de corto y de largo plazo, sobre la producción de los cultivos predominantes en la región agrícola argentina. Por ejemplo, en estudios de larga duración realizados en la región pampeana, bajo la coordinación de Fertilizar AC y con la conducción de diversos equipos de trabajo regionales, se observa que los cambios sobre los cultivos y los suelos son independientes de los sitios y de las especies involucradas, e interactúan con las condiciones ambientales anuales.
En estos ensayos, la fertilización mejorada con respecto a las prácticas habituales muestra efectos positivos tanto inmediatos como residuales sobre la productividad de los cultivos frecuentes en las secuencias agrícolas pampeanas, tales como maíz, soja y trigo. Otros cultivos, con presencia regional como el maní, han sido menos analizados en este contexto. Es el propósito de este articulo resumir y discutir sobre los aportes de implementar estrategias de nutrición de cultivos en rotación sobre a la producción de maní.
En el marco de un ensayo de larga duración iniciado en 2016/17 en un sitio representativo de la región de Río Cuarto, Córdoba, Argentina (33°05’S; 64°11’O), se evaluó el efecto residual de distintas estrategias de fertilización sobre el rendimiento y calidad del maní durante los ciclos agrícolas 2020/21 (Esposito et al., 2021) y 2024/25 (Morla et al., 2025), a los 4 y 9 años de iniciado el ensayo. En ambos casos, el maní (cv. Granoleico) se sembró inoculado con Bradyrhizobium spp. y sin fertilización directa, sobre franjas previamente manejadas con seis estrategias contrastantes que abarcaron desde un control sin fertilizar hasta una nutrición balanceada con aportes de N, P, S y Zn (Tabla 2). Durante el ciclo 2020/21 se registraron 469 mm de precipitaciones, mientras que en 2024/25 fueron 592 mm, condiciones consideradas adecuadas para el normal desarrollo del cultivo.
Entre 2016 y 2024 se observaron cambios marcados en los contenidos de fósforo (P) y zinc (Zn) extractables del suelo, tanto por efecto del manejo como por la posición en el paisaje (Tabla 3). En los tratamientos sin fertilización (T1) se registró la disminución de P, alcanzando valores de 17,5 mg kg⁻¹ en el bajo y de 7,4 mg kg⁻¹ en la loma, lo que refleja una progresiva disminución por extracción continua sin reposición. En cambio, las estrategias con fertilización frecuente o básica (T2 y T6) lograron mantener niveles intermedios, mientras que los tratamientos con nutrición balanceada (T3, T4 y T5) conservaron o incluso mejoraron los valores iniciales, con concentraciones de hasta 27 mg kg⁻¹ en el bajo y 18,6 mg kg⁻¹ en la loma. Un comportamiento similar se observó para el Zn, donde los tratamientos más completos alcanzaron 0,92 y 0,6 mg kg⁻¹ en bajo y loma respectivamente, frente a 0,7 y 0,2 mg kg⁻¹ del testigo.
Si bien no se realizaron mediciones directas de propiedades físicas del suelo, los aumentos consistentes de rendimiento observados en los cultivos a lo largo de los años indican una mayor producción de biomasa aérea y de raíces, con su consecuente aporte de rastrojos. Este proceso, al contribuir con carbono orgánico derivado de un manejo de fertilización sostenido, probablemente favorezca gradualmente la estructura y la estabilidad del suelo, mejorando la porosidad, la aireación y la calidad física, química y biológica del sistema, y reforzando así su sostenibilidad. Aunque aún no se cuantificaron efectos biológicos específicos, también es probable que la mayor disponibilidad de carbono y nutrientes estimule la actividad microbiana y la eficiencia de mineralización, reforzando el ciclo de nutrientes como el del nitrógeno y del fósforo en el sistema.
Los resultados de productividad del cultivo permitieron analizar la persistencia de los efectos nutricionales y su impacto sobre los rendimientos y la calidad del maní, validando la respuesta positiva del cultivo a la fertilidad residual (Fig.2).
En 2020/21, el rendimiento promedio en frutos del control fue de 6109 kg ha⁻¹; los tratamientos con fertilización moderada (T2 y T6) produjeron en promedio 333 kg ha⁻¹ (5,4 %) más que el testigo, mientras que los tratamientos con mayor nivel de fertilización (T4 y T5) alcanzaron cerca de 7000 kg ha⁻¹, equivalentes a un incremento del 14 %.
En el ciclo agrícola 2024/25, bajo condiciones de mayor humedad, las diferencias se mantuvieron: el testigo produjo 5059 kg ha⁻¹ y el tratamiento balanceado (T5) 5703 kg ha⁻¹. La consistencia en la respuesta demuestra que los efectos residuales de la nutrición balanceada persisten incluso tras varios ciclos de rotación. Por su parte, los tratamientos T3 (fertilización recomendada promedio) y T6 (básica) también superaron significativamente al testigo, con rendimientos intermedios de 5347 y 5353 kg ha⁻¹ respectivamente, confirmando el valor de estrategias nutricionales completas aun con menores dosis de aporte.

Figura 2: Rendiminetos en frutos de maní en Río Cuarto (Córdoba) según estrategias de manejo previo de la fertilización de cultivos en rotación desde 2016/17 . La descripción de los tratamientos (T1 a T6) se presentanen el promedio de nutrientes aplicado en maíz y soja según estrategias de fertilización) por cada ciclo agricola, medias con una mismna letra no difieren significativamente (p>0,05) según LSD-Fisher.
En cuanto a la calidad del producto evaluada mediante la relación grano/caja y el porcentaje de granos de maní “confitería”, se observaron diferencias significativas entre estrategias de fertilización. La relación grano/caja varió entre 0,62 y 0,67, con los valores más altos registrados en los tratamientos con nutrición más completa (T3, T4 y T5), que mostraron relaciones más altas y estables.
En el rendimiento de maní confitería, si bien las diferencias estadísticas entre tratamientos no fueron significativas, se observó una tendencia consistente a mayores proporciones en T3, T4 y T6, con valores superiores al 84%. Este comportamiento indica que un adecuado balance nutricional en los cultivos antecesores contribuye a mejorar el llenado de los frutos, aumentando su tamaño (granometría) y la proporción de granos dentro de las cajas, reflejando un efecto residual positivo sobre la eficiencia reproductiva del cultivo.

Figura 3: Porcentaje de maní confitería (Barras azules) y relación grano/caja (barras verdes) en Río cuarto (Córdoba) según estrategia de manejo previo de la fertilización de cultivos en rotación desde 2016/17. La descripción de los tratamientos (T1 a T6) se presentanen el promedio de nutrientes aplicado en maíz y soja según estrategias de fertilización) por cada ciclo agricola, medias con una mismna letra no difieren significativamente (p>0,05) según LSD-Fisher.
Los resultados obtenidos en dos rotaciones consecutivas en un ensayo de larga duración validan que la nutrición balanceada en cultivos antecesores no solo mejora la productividad de esos cultivos, sino que deja una huella positiva en el sistema que beneficia al maní. Esto refuerza la necesidad de concebir la fertilización como una estrategia de largo plazo y no como una práctica aislada.
En la práctica, mantener niveles adecuados en el suelo con Pe superiores a 15 mg kg⁻¹ Bray y con Zn en valores extractables mayores a 1 mg kg⁻¹, junto con rotaciones diversificadas y cobertura continua, puede sostener altos rendimientos de maní sin necesidad de fertilización directa. El cultivo de maní, por su sensibilidad a la disponibilidad de nutrientes y a la estructura del suelo, se presenta como un excelente bioindicador de la calidad nutricional y física del sistema productivo.
Agradecimientos: El Ensayo de larga duración desarrollado en colaboración entre la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la Universidad Nacional de Río Cuarto (FAV UNRC), la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de La Pampa (FA UNLPam) y Fertilizar Asociación Civil.
Referencias:
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Fuente Horizonte A