Martín Diaz-Zorita -Facultad de Agronomia UNLPam
El girasol mantiene su vigencia en la agricultura argentina por su adaptabilidad a ambientes de variabilidad climática y su capacidad de sostener rendimientos aceptables bajo condiciones de sequía o temperaturas extremas. Esta estabilidad relativa se explica por el rápido crecimiento y la profundidad de su sistema radical, que le permite explorar amplios volúmenes de suelo y aprovechar agua y nutrientes con eficiencia. En regiones semiáridas y subhúmedas, como es gran parte del oeste bonaerense, el norte de La Pampa y el noreste argentino (NEA), el girasol se consolida como cultivo estratégico dentro de rotaciones agrícolas. En estos ambientes la nutrición mineral adecuada no sólo determina el rendimiento sino también la eficiencia en el uso del agua, un recurso escaso que explica gran parte de las variaciones en la producción. El manejo adecuado de nutrientes es cada vez más significativo al mejorarse las tecnologías, de procesos y de insumos, que permiten mayor productividad y estabilidad de resultados del cultivo.
“La disponibilidad oportuna de nutrientes durante la implantación y los primeros estadios de crecimiento condiciona el resultado del cultivo”
Las demandas de nitrógeno (N) y de fósforo (P) hasta floración del girasol son comparables a las del maíz (Andrade et al., 2000). Para producir dos toneladas de grano, el cultivo extrae en promedio unos 60 kg de N y 12 kg de P, equivalentes a aproximadamente 160 kg de urea y 50 kg de superfosfato triple. El N interviene en la síntesis de proteínas y clorofila, y su deficiencia se manifiesta por hojas pálidas, reducción de la superficie foliar y menor interceptación de radiación. El P, por su parte, promueve el crecimiento radical y la formación de estructuras reproductivas; su carencia limita el desarrollo inicial, especialmente en suelos fríos o con compactaciones superficiales.

Figura 1. Evolución de la acumulación de nitrógeno durante el ciclo de crecimiento del girasol y del maíz (Adaptado de Andrade y col. 2000).
La disponibilidad oportuna de nutrientes durante la implantación y los primeros estadios de crecimiento condiciona el resultado del cultivo. En la tabla 1 se observa que los mayores requerimientos relativos de fósforo se concentran hacia el inicio del cultivo consolidando la estructura de las plantas y en particular el crecimiento del sistema radical y hacia el final del llenado de los aquenios sustentando la formación de materia grasa. Los mayores requerimientos relativos de nitrógeno se concentran entre floracion y el pleno llenado de los aquenios.

Tabla 1. Requerimientos de nitrógeno, de fósforo y de agua en cultivos de girasol y su distribución relativa durante el ciclo de crecimiento (Adaptado de Uhart et al. 1998)
Diagnóstico de la fertilidad y criterios de decisión
El diagnóstico previo mediante análisis de suelo continúa siendo la herramienta más precisa para definir estrategias de fertilización. En el caso de la nutrición fosfatada, suelos con niveles de fósforo extractable (Pe, P-Bray) inferiores a 15 ppm (en la capa de 0 a 20 cm de los suelos) indican alta probabilidad de respuestas a la corrección en los aportes de fósforo al fertilizar (Fig.2). Si los valores de nitratos en los 60 cm superficiales de los suelos son menores a 40 kg N/ha antes de la siembra o a 60 kg/ha en estadios vegetativos tempranos justifican la aplicación suplementaria de fertilizantes nitrogenados (Fig. 3).

Figura 2. Rendimientos relativos de cultivos de girasol fertilizados con fósforo y su relación con los niveles edáficos de P extractable (Adaptado de Ustarroz y Boga, 2002; Zubillaga y col., 2002)

Figura 3. Rendimientos relativos de cultivos de girasol fertilizados con nitrógeno y su relación con niveles de N disponible (Adaptado de Funaro y Lasta, 2009 y 2010)
El boro es otro de los elementos que, con frecuencia en suelos arenosos, con bajos contenidos de materia orgánica y en interacción, entre otros factores, con condiciones de sequía superficial limita la formación del rendimiento del girasol. En suelos con menos de 0.15 ppm de B extractable las limitaciones en este elemento reducen los rendimientos alcanzados por el girasol (Fig.4).

Figura 4. Rendimientos de cultivos de girasol fertilizados con boro y su relación con niveles de B extractable en el oeste de la provincia de Buenos Aires (Adaptado Duarte y Díaz-Zorita, 2002) y en el norte de la provincia de Santa Fe (Adaptado de Parra, 2005).
Estrategias prácticas de manejo integrado de la fertilización
Tal como se observa en otros cultivos, el manejo balanceado de la nutrición mineral permite alcanzar alta eficiencia en el uso del agua transpirada por el cultivo con eficiencias variables según los nutrientes aplicados y su manejo. Por ejemplo, estudios de la red de estrategias de fertilización coordinados por Fertilizar AC en 25 de Mayo (Buenos Aires) y en Macachin (La Pampa) muestran que sólo corregir necesidades de fósforo aplicando fuentes fosfatadas en el momento de la siembra permiten aumentos de entre 450 y 555 kg/ha. Al combinar esta práctica con la aplicación de entre 40 y 60 kg/ha de nitrógeno en el inicio de estadios vegetativos de los cultivos los rendimientos se incrementan entre 250 y 345 kg/ha por sobre las respuestas a la corrección de base solo con fósforo. Estos resultados reflejan una mejora de entre 15 y 20 % en la producción total del rendimiento bonificado por contenido de materia grasa, validando el aporte combinado de ambos nutrientes.
En suelos con niveles bajos de P o siembras en condiciones frías, la localización próxima a la línea de siembra mejora la absorción y la implantación. La dosis recomendada se ubica entre 12 y 18 kg P/ha, ajustando la separación entre las semillas y los fertilizantes para evitar toxicidad por amoníaco o por sales. En suelos con valores intermedios (15 a 25 ppm de Pe), se prioriza mantener el balance del sistema mediante reposición parcial, asegurando la sostenibilidad de la rotación.
“La respuesta al N depende del agua almacenada y del potencial de rendimiento del sitio”
En general, la aplicación de 40 a 50 kg N/ha entre la siembra y hasta el estadio de seis hojas resulta en incrementos de unos 6 a 8 kg de grano por kg de N aplicado. Los mayores retornos se logran en lotes profundos y con adecuada reserva de agua desde la siembra.
Los síntomas típicos de las deficiencias de boro (B) incluyen ahuecamiento del tallo, deformaciones florales y desprendimiento del capítulo. En estadios vegetativos se observan irregularidades en el limbo de las hojas (“arrepollado”) que, junto con el análisis de suelos, permite diagnosticar las necesidades corrección por fertilización. Cuando la frecuencia de plantas con síntomas tempranos evidentes de limitaciones de B supera el 10% de los individuos se esperan aportes de en promedio 5% de mejora en los rendimientos con la aplicación foliar de entre 0,5 y 1,0 kg B/ha en prefloración. Durante la campaña 2024/25, en estudios en Santa Rosa (La Pampa) se observó que la aplicación de un fertilizante conteniendo B en estadios de R1 permitió aumentar los rendimientos de cultivos de girasol (Fig.5). En ambos estudios la concentración de materia grasa de los aquenios fue mayor a la alcanzada en el control con sólo correcciones de N y de P. En promedio, la concentración de materia grasa se incrementó de casi 48 % en los tratamientos control a algo más del 50 % en los fertilizados con B.

Figura 5. Rendimientos de girasol con la aplicación de B en cobertura (Bfoliar) durante estadios de R1-R2 en dos estudios conducidos en Santa Rosa (La Pampa) durante la campaña 2024/25. (Adaptado de Díaz-Zorita y col. 2025).
En síntesis, el manejo estratégico de la nutrición del girasol integra diagnóstico, planificación y ejecución precisa. La fertilización ajustada a las condiciones del suelo y al potencial del sitio incrementa los rendimientos y el contenido de aceite mejorando asi la eficiencia en el uso del agua y la estabilidad productiva ante escenarios climáticos variables. Fortalecer el diagnóstico, a través de análisis de suelo, estimación de la oferta de agua, consideración de expectativas realistas de rendimientos alcanzables y observación temprana del crecimiento de las plantas es la base de un manejo del cultivo y de su nutrición en ambientes restrictivos de la región pampeana y del noreste argentino.
Fuente Horizonte A